Clase 8 · 05/10 · Virtual
Dos áreas que se pelean escriben un acuerdo. Después lo usa otro equipo, que no estuvo cuando lo escribieron, y se cuenta una sola cosa: cuántas veces hubo que pedirle al jefe que decida.
La clase del 5 llegó hasta escribir el acuerdo. Lo que venía después se hace en casa, en dos tareas que no dependen una de la otra:
La clase pasada armaron un formato de reunión: qué se decidió, quién lo hace, para cuándo y cómo nos damos cuenta de que pasó. Nexo Sur lo usó, y funcionó dos semanas.
Después, Comercial lo empezó a saltear cada vez que había un apuro — y en Comercial casi siempre hay un apuro. Lo que dijeron no es una excusa tonta: «el formato sirve para lo que se puede planificar, y nosotros vivimos de lo que no se puede planificar».
Diego, de Operaciones, mandó un mail: ningún pedido fuera del plan entra sin su permiso. Lucía, de Comercial, no le contestó a él: le dijo a su equipo que los clientes importantes se los lleven directo a Tomás, el jefe de los dos. Y Tomás decide pedido por pedido.
Operaciones piensa que Comercial se cree por encima de las reglas. Comercial piensa que Operaciones no entiende a los clientes. Los dos tienen algo de razón, y eso es lo que lo hace difícil.
No sobre quién tiene razón. Sobre una regla escrita para los pedidos que se salen del plan: una sola, que sirva para todos los pedidos que vengan, en vez de pelear cada uno como si fuera el primero. A esos pedidos les decimos excepciones.
Comercial necesita poder meter excepciones, o pierde ventas. Operaciones necesita saber qué se fabrica en la semana, o entrega tarde. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo. El acuerdo contesta ocho preguntas:
Y abajo: quién cedió qué, y a cambio de qué.
Cada lado recibe un mandato: una hoja con lo que necesita su área, lo que no puede aceptar, lo que puede dar a cambio, qué hace si no hay acuerdo, y un dato que el otro lado no tiene. Ese dato es el que hace posible el acuerdo, y solo aparece si alguien pregunta.
Prueban el acuerdo que escribieron en clase con tres casos. Para cada uno buscan, solo en lo que dice el acuerdo, qué pregunta lo contesta, qué dice que hay que hacer y quién decide. Si el acuerdo no lo dice, el caso va a Tomás.
Después escriben la versión 2, para que los tres casos se resuelvan sin Tomás, y explican cada cambio con una de las cinco ideas. La consigna completa trae los casos y el formato.
Arrancó al revés de lo que parece: antes de negociar, fueron el equipo de Tomás e intentaron terminar la pelea entre Diego y Lucía con un mail de tres líneas. La trampa era pedirles que cambiaran de actitud sin tocar lo que la empresa les paga: es el conflicto que se disfraza, que parece de personas y es de lo que la empresa les pide.
Después se partieron en Comercial y Operaciones, negociaron y escribieron el acuerdo. Ahí terminó la clase. Lo que venía después está en casa.
No se corrige quién ganó la negociación. Cerrar rápido no es cerrar bien: un acuerdo que deja contento a uno solo se rompe en el primer apuro.
En el Desafío 4 tampoco se corrige si la versión 1 era buena o mala: se escribió contra reloj. Se corrige que la prueba sea honesta y que la versión 2 resuelva más casos sin Tomás.
Esta clase ya pasó, y sus tareas cerraron. Leé las cinco ideas para negociar y pedile a tu equipo la versión 2 de su acuerdo: vuelve en la parte 4 del Desafío integrador. Si te falta una entrega para aprobar, te aviso por el campus cómo y cuándo la recuperás.
Acá sirve poco: el acuerdo se arma hablando, en una sala, contra reloj, y cada uno tiene solo la mitad de la información. Si la usan para prepararse, avísenlo como siempre: para qué la usaron, qué les dio y qué cambiaron.
Las dos tareas vencieron el domingo 18. El lunes 12 fue feriado. En la Clase 9 vemos qué pasó con el acuerdo cuando alguien se lo salteó.